
El año pasado fue publicado el libro titulado “Laguna del Sauce. Entorno, Familias y Vivencias” de Eleazar Moisés Lazo de León. Se trata de la segunda publicación que realiza, ya que en el año 2010 apareció su libro “Hechos de una comunidad cristiana.
La alegría de vivir el Evangelio”, que narra la historia de la parroquia Virgen de los Treinta y Tres y del barrio Lavalleja de la ciudad de Maldonado (Retrospectiva, Semanario Realidad, 2 al 8 de julio de 2010). En esta oportunidad Lazo anuncia: “…sólo un propósito me anima, que estos pequeños apuntes, de vecinos y vivencias, no se pierdan. Al mismo tiempo, sean un sencillo homenaje a esa comunidad de la Laguna del Sauce para que, si bien hoy se ha enriquecido en infraestructura y belleza paisajística, sea recordada por la riqueza invalorable de su patrimonio humano, laboral y vecinal de la que supimos disfrutar…” Lazo afirma “…la Laguna del Sauce es el lugar de nuestros amores. Son los pagos de nuestras familias; el nacimiento, la infancia, la vida, de miles de lagunenses que nos preciamos ser de este pago tan paradisíaco…” Es así que Lazo describe el lugar y a las familias que lo habitaron desde sus recuerdos infantiles y juveniles (nació en 1938). El paraje nucleaba gran cantidad de vecinos que mayoritariamente se dedicaban a la agricultura, a la lechería y, en menor proporción, a la ganadería. “…Distaba unos 15 kilómetros del “pueblo” de San Carlos y unos 12 de Maldonado (…) Los caminos eran de tierra, malos en general. Pasajes con barrancas, hechas por el trillo de carretas, jardineras y el arrastre de las aguas, con algunos cortos tramos de piedra, con un poco de balasto. Los “peludos” eran demasiado frecuentes, obligando siempre a las cachilas al uso de cadenas…”
Según el autor muchas de esas familias que se radicaron el lugar son de ascendencia canaria (“…los de León, Cabrera, Lazo, Martínez, Báez, Frias, y muchos más…”) llegadas durante el siglo XIX y principios del XX. Pero también destaca la presencia de familias de otras procedencias (“…como Roig de Cataluña, Bek de Dinamarca, Bernhardt de Alemania, Bologna de Italia…”).
Lazo enumera a todas las familias que recuerda de su infancia, incluso brinda datos filiatorios, composición familiar, dónde vivían, a qué se dedicaban, etc. En algunos casos ilustra con fotografías. La descripción se realiza agrupándolas por paraje: Punta Ballena, Rincón del Diario, Paso Marrero, Cerro Pelado, Laguna del Sauce, y Chacras de Maldonado.
También se refiere brevemente a la historia de las escuelas públicas rurales del lugar: la No. 11 de Cerro Pelado, la No. 29 (“…al pie del Cerro Miguel, hoy llamado Cerro La Gloria…”), y la No. 48 de Laguna del Sauce.
Lazo también describe el paisaje de la laguna, los cultivos y otras tareas rurales que se realizaban, las diversiones y la sociabilidad de la época, los juegos infantiles. “…El año nuevo se iniciaba con abundante comida, algún cordero asado y bebida fresca en el fondo de las cachimbas, seguido de empanadas. Para las mujeres y niños, la limonada, los demás, vino casero o cerveza. A mitad de tarde, un poco “alegres”, desafiándose a viejas proezas, subir algún álamo o palo enjabonado. Juegos casi infantiles, que eran oportunidad para recordarlos y festejarlos durante el año. Los cumpleaños también eran motivo de alegría, oportunidad de aquellos bailes familiares y las loterías entre vecinos y parientes. Un acontecimiento eran las trillas, que es la culminación final de la cosecha.
Se creaba a pesar del trabajo un ambiente festivo, de alegría, regocijo. Allí la trilladora majestuosa, con un mecanismo exuberante, es el eje de la jornada, mientras se aprietan los tallos y los granos y un polvillo se combina mágicamente con el ruido de las diversas piezas y la vista se recrea con las salidas de los granos liberados y dorados. Y en ese clima de trabajo y regocijo, no faltaba el coro de los hombres con sus reclamos a las mujeres de: “Trillen las yeguas tordillas, que los pasteles son de natilla”. Las “carneadas”, donde se faenaban cerdos, o algún animal vacuno, siempre motivaba la participación de toda la familia, realizando en equipos las diferentes tareas y ellos constituía un día muy especial, que todos esperaban. Los días de san Juan, 24 de junio, la tradicional fogata. Quema de abundante chala de maíz y rastrojos en aquellas parvas que se iban preparando desde temprano. Allí, todos juntos alrededor de la parva, mientras se elevaban largas lenguas de fuego hacia el cielo, que a su vez eran como un concurso y, por qué no, un saludo a la distancia. Mientras tanto los gurises y muchachos, con una “esponja” (antorcha) impregnada en kerosene, corrían y saltaban alrededor de aquel ígneo altar de la alegría campesina…”
Por último el autor narra la historia de la capilla Virgen de la Asunción, levantada en terrenos donados por Eustaquio Marcos La Cruz y Eulogia Plada e inaugurada el 15 de agosto de 1943.
Lazo termina su obra con una reflexión: “…Con los años, los cambios, las ventas de las propiedades y la vida, todo es distinto en aquella campaña. El polvo del tiempo borra marcas en la geografía del pago querido y también en los nombres y apellidos de aquellas familias tradicionales. Forestación valiosa, que da belleza y cotización, pero oculta aquellos campos, aquellos cerros y la misma laguna (…) Espero, de todos los laguneros, que nunca se nos borren de nuestros corazones esas tierras, que nos vieron nacer, esas aguas que nos hicieron reflejar, a nosotros y a todas esas generaciones pasadas…” Por el Dr. Fernando Cairo.












